Las tecnologías
no solucionan de por sí los problemas comunicativos…El megáfono es una
prolongación de la voz humana, de la facultad humana de
comunicarse oralmente. Y es evidente que de poco sirve disponer de un
potente altavoz si no se tienen cosas interesantes que decir.
Indica de
manera pertinente que «comunicación implica diálogo, una forma de relación que
pone a dos o más personas en un proceso de interacción y de transformación
continua» Para él, el poder ha disfrazado, metamorfoseado y travestido el
significado de la palabra comunicación.
El robo ha
sido casi perfecto. Y la palabra comunicación, que implica la idea de
transformación, cambio y movimiento, ha sido reemplazada por otra que conlleva
la idea de transmisión sólo de una parte a otra.
Para ser precisos,
habría que decir que el poder no ha actuado solo.
Durante más
de un siglo ha encontrado un excelente aliado en los medios de masas de la
época. Los periódicos y las revistas, el cine y la televisión, al ser
tecnologías unidireccionales, han servido a los intereses del poder, más allá
de los contenidos que transmitían, en el sentido de que inevitablemente
relegaban al ciudadano al papel de simple receptor, de mero consumidor de
mensajes prefabricados.
El problema
no es, pues, tanto de tecnologías cuanto de estilo comunicativo. Se puede
hablar, pues, de sociedad de la información o de sociedad del conocimiento, pero
entendidas como una oportunidad, no como una realidad…
Desde el
punto de vista educativo no sería un problema que la sociedad del espectáculo
fuera un complemento de la sociedad del conocimiento o de la información. Sí
loes que se convierta en una alternativa o incluso un impedimento. Es un
problema que un buen número de personas se sientan tan cómodas en la sociedad
del espectáculo como para no echar en falta nada más.
Puede
hablarse en otro sentido de brecha digital, que derivaría de la mencionada
distinción entre sociedad del conocimiento y sociedad del espectáculo y que
tiene unas enormes implicaciones en el ámbito de la educación: se trataría
de la distancia que separa a los que tienen sensibilidad e interés por las
informaciones disponibles en las tecnologías de la información y de la
comunicación y los que sólo ven en estas la oportunidad para un entretenimiento
primario y evasivo.
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